01 abril 2001

Franco y el Opus Dei

Franco y el Opus Dei

Escrivá y Franco

Escrivá ante Franco

Escrivá ante Franco y la guerra civil española: Opus Dei y franquismo


Visión panorámica

La realidad es que, como sucedió en el conjunto de la sociedad española, la mayoría de la gente apoyaba expresa o tácitamente el régimen de Franco, y sólo unos pocos se oponían, o mejor dicho, se atrevieron o pudieron expresarlo.

Dentro del régimen se produjo una batalla soterrada entre diversas corrientes. En concreto, la Falange apostó en los años cuarenta por el fascismo italiano y alemán, a lo que se opuso la Iglesia y algunos políticos ligados a grupos católicos. En los años cincuenta, durante el aislamiento internacional, se fue gestando una nueva clase intelectual en España que, aunque tuvo un origen parecido luego se fue dividiendo cada vez más. No es raro el caso de Calvo Serer que después de varias actuaciones iniciales acabó de la mano de los comunistas en los años 70, o el de falangistas que se convirtieron en fervientes demócratas de izquierdas, o el de católicos oficiales que apoyaron la "secularización" de la sociedad española.

A finales de los 50 Franco confió la política económica a un grupo de expertos que le aconsejaron acabar con la autarquía y acercarse al mercado común, de la mano de las recomendaciones del Banco Mundial y el FMI. Con el tiempo esos expertos alcanzaron un importante poder político, envidiado por los falangistas y otros grupos. Fueron los años de identificación de ese grupo de los tecnócratas con el Opus Dei.

A finales de los sesenta, el poder de ese grupo decae, y desaparece casi con la muerte de su valedor, el almirante Carrero Blanco. Mientras, seguían las conspiraciones de salón de los monárquicos, juanistas y juancarlistas (peleados entre sí) y la movilización del exilio moderado (contubernio de Munich) y de los marxistas (Suresnes, movilizaciones contra las penas de muerte firmadas por Franco, etc.). En algunas de esos grupos también había algunas personas del Opus Dei.

En fin, con todo esto quiero describir un panorama donde no se pueden hacer afirmaciones generales: lo único que aporta luz dentro de nuestro tema es que el Opus Dei no tuvo nunca una postura política concreta y que los miembros del Opus Dei ejercieron su libertad para participar o no en la vida política, manifestando con los hechos la pluralidad de sus convicciones. Pero la época es larga y compleja y no se puede decir mucho más sin caer en la inexactitud: el presunto apoyo del Opus Dei al franquismo, o viceversa, pues ya se ve que hubo de todo.

Personas del Opus Dei en la oposición al franquismo

Rafael Calvo Serer, docente universitario, intelectual, editor y director de periódicos, fue uno de los hombres más relevantes en la vida cultural española de la posguerra. Miembro del Opus Dei, Calvo Serer se convierte en un monárquico liberal, orgullosamente adversario del régimen franquista. En 1953, es expulsado del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) por haber publicado en París un ensayo crítico hacia la política interior del gobierno español. José María Albareda, fundador y secretario del CSIC, y miembro también del Opus Dei, no se solidarizó con la postura de Calvo, porque simplemente no la compartía. Calvo Serer se vió obligado a exiliarse en París. Estuvo entre los fundadores de la Junta Democrática que preparó en la clandestinidad la llegada de la democracia a España.

Otro miembro del Opus Dei que militó en las filas de la oposición al franquismo como director del diario Madrid, es Antonio Fontán. Conviene hacer notar que Fontán, catedrático de filología clásica, en el nuevo clima posfranquista fue elegido senador y, a continuación, presidente del Senado. Como tal participó de modo decisivo en la elaboración de la Constitución democrática de España.

Este contexto pone de relieve la novedad del Opus Dei, una institución que ofrece a los cristianos corrientes la formación necesaria para que busquen a Dios en su propio trabajo, sin “formar grupo”, sin ostentar la propia fe a través de una etiqueta, sino más bien con su ejemplo de vida. A los miembros del Opus Dei que toman la decisión de dedicarse a la política (poquísimos respecto al total), en lugar de ejercitar cualquier otra profesión, esa decisión les ha creado numerosas incomprensiones.

Tecnócratas del Opus Dei

En 1957, el General Franco nombra a Alberto Ullastres Ministro de Comercio, y a Mariano Navarro Rubio, de Hacienda. Los dos son miembros del Opus Dei, y llegan al Gobierno de España tras muy diversas carreras profesionales. Su carácter personal y su modo de entender la acción política son notoriamente diversos: basta leer las Memorias de Navarro Rubio para entender sus discrepancias, incluso en asuntos en que aparentemente trabajaban de acuerdo, como el Plan de estabilización de 1959.

Muy distinto es también Laureano López Rodó, inmediato colaborar entonces del almirante Carrero Blanco: catedrático de Derecho administrativo, promotor años después de los planes de desarrollo económico, ha sido presentado como el prototipo de tecnócrata, pero su libro "La larga marcha hacia la monarquía", así como los varios volúmenes de sus Memorias muestran la insuficiente fundamentación del estereotipo.

Esas tres personas, miembros del Opus Dei, sólo coincidían políticamente en su franquismo: en su deseo de sacar a España de un evidente retraso económico y social. Y en esto coincidieron también con una gran mayoría del pueblo español, agotado tras la terrible guerra civil del 36-39 y la durísima postguerra (ese cansancio puede ser una de las explicaciones, entre otras, del conformismo ante la Dictadura, pero también, luego, de la pacífica transición a la democracia).

La oposición interior al franquismo se estaba larvando entonces, pero aún resulta exigua en términos sociológicos. No obstante, también hubo otros miembros del Opus Dei -siempre sobre la base de que eran y son poquísimos los que intervienen activamente en política- que militaban por ese tiempo contra el franquismo: la mayor parte estaban aún en las Universidades, pero también se pueden mencionar nombres como Rafael Calvo Serer -destituido en 1953 del CSIC a raíz de la publicación en París de un artículo crítico sobre la política cultural del Estado- o Antonio Fontán, que protagonizará la aventura del Diario Madrid, clausurado por el Gobierno de Franco en 1971.

A pesar de la evidente realidad, se creó cierto estereotipo en torno a la frase tecnócratas del Opus Dei; en verdad, ni todos eran del Opus Dei, ni tampoco tecnócratas. Pero en un Régimen sin libertad de prensa y con la insólita legitimidad política de la victoria en guerra civil, todo rumor podía ser verosímil: cuando más infundado, más verosímil. Y, en las luchas por el poder en los aledaños de Franco, el grupo más poderoso ‑el que funcionaba en torno al llamado Movimiento Nacional, a los Sindicatos oficiales únicos, a los medios de comunicación oficiales- tuvo interés en luchar contra otros utilizando el arma de la vinculación al Opus Dei de algunos de sus representantes. Omitían lógicamente que también había miembros del Opus Dei en ese sector: así, Fernando Herrero Tejedor, que moriría en 1975 siendo Ministro del Movimiento. Todos decidían con libertad, pues nunca la Jerarquía católica había dicho nada en contra de la colaboración con Franco y las instituciones del franquismo (más bien, al revés, al menos hasta los años setenta). En el fondo, era un intento de chantajear a los Directores del Opus Dei, que sufría la abundancia de las críticas y murmuraciones: incluso, alguno tenía la desfachatez de sugerir en conversaciones privadas que cesarían en sus campañas denigratorias si los Directores decían a los miembros del Opus Dei que abandonasen la política o se plegasen a los intereses del Partido único. Los Directores del Opus Dei -en Roma como en Madrid- prefirieron sufrir la injusticia a cometerla: pues terrible delito habría sido privar a un miembro de la Obra de su libertad ciudadana. (Algo semejante sucedería después, cuando algunos pretendieron que la jerarquía interna apoyase el proyecto de constituir un partido democristiano fuerte, para el post-franquismo. También entonces, aun a riesgo de no leves incomprensiones, la respuesta sólo pudo ser la libertad de los miembros).

Al intentar comprender qué sucedía en España durante los años setenta, buena parte del problema sigue radicando en la dificultad de penetrar en los entresijos de un Régimen tan peculiar como el de Franco. ¿Cómo era la lucha por el poder? ¿Quiénes llegaban a formar parte del Gobierno? ¿Qué tendencias trataba de aunar el General Franco en la composición de sus gabinetes? Rafael Gómez Pérez, en su estudio "El franquismo y la Iglesia" (Madrid, 1986), ofrece un intento de clasificación de los Ministros de Franco (1938-1975), que, aunque discutible, puede servir para situar a los que eran miembros del Opus Dei:

- Militares: 31 (ninguno del Opus Dei, pues no lo fue, entre otros, el Almirante Carrero Blanco).

- Falangistas: 27 (1: Fernando Herrero Tejedor).

- Monárquicos: 9 (0).

- Grupo Herrera: 10 (0, pues tampoco era miembro del Opus Dei Alfredo Sánchez Bella; la confusión podría basarse en que un hermano, Florencio, fue muchos años Vicario regional del Opus Dei en España; otro, Ismael, primer rector de la Universidad de Navarra).

- Técnicos del equipo Carrero: 15 (4: Espinosa, García-Moncó, López Rodó, Mortes).

- Técnicos del equipo Arias Navarro: 7 (0).

- Personalidades aisladas: 19 (3: López-Bravo, Navarro-Rubio, Ullastres).

Aunque sea una simplificación, se puede afirmar que la política, en el Opus Dei, es cuantitativamente exigua, y cualitativamente irrelevante (no indiferente: se trata de un ámbito en el que toda persona debe vivir la justicia y las demás virtudes humanas, como en cualquier otro).


El Opus Dei y Franco según Messori

En primer lugar: las relaciones de algunos miembros con Franco y el franquismo no son consideradas en el Opus Dei como un asunto central de la historia de la Obra, como proponen algunos críticos de la Institución. De hecho, Escrivá proyectó trasladarse a Roma muy pronto, puesto que lo que había "visto" no estaba en función de las necesidades de un país o de una época determinada, sino que debía extenderse por todo el mundo. La guerra civil primero y la mundial después se lo impidieron.

Pero ya en 1946 se embarcó en el puerto de Barcelona rumbo a Génova, y de allí marchó como pudo a Roma, donde fijó su residencia. En aquella ciudad puso la sede central de una Obra que se proponía ser universal y que sólo desde la ciudad "católica" por excelencia podía extenderse a todo el mundo. "Romano y mariano": así quería que fuese el Opus Dei.

Desde hace decenios, además, la mayoría de los miembros no procede de España y, aunque el castellano sigue siendo la lengua común, los españoles son una minoría.En los años sesenta (en pleno franquismo, por tanto), Mons. Escrivá respondió así a la pregunta de un entrevistador americano:

«En pocos sitios hemos encontrado menos facilidades que en España. Es el país ‑siento decirlo, porque amo profundamente a mi Patria‑ donde más trabajo y sufrimiento ha costado hacer que arraigara la Obra. (...) Tampoco las obras corporativas de apostolado han encontrado especiales facilidades en España. Gobiernos de países donde la mayoría de los ciudadanos no son católicos, han ayudado con mucha más generosidad que el Estado español, a las actividades docentes y benéficas promovidas por miembros de la Obra. (...) Quiero hacer constar sin embargo que, desde hace años, los españoles son una minoría en la Obra»
Por estos motivos, será preciso examinar con atención el "affaire Franco", conscientes de que no se trata de un asunto central sino más bien marginal o, al menos, local y ligado a un tiempo ya pasado.


Opinión de Franco sobre el Opus Dei

"Mis conversaciones privadas con Franco", de Francisco Franco Salgado‑Araujo. Ed. Planeta.

"Franco dice: (...) 'me consta que el Opus Dei no interviene en política y solamente se dedica a servir a Dios haciendo el bien, dando a cada uno de sus componentes ejemplos de buena conducta'." p.412.

"Franco dice: 'Al Opus Dei se le ataca por la colaboración que algunos de sus componentes me prestan como ministros y otros cargos. Si esta asociación negara a sus miembros el derecho de aceptar los cargos de referencia, entonces la aplaudirían'". p.475.

Franco y el Opus Dei (*)

(Para este apartado resulta utilísima la consulta de LÓPEZ RODÓ, Laureano, Memorias, vol. I, pp. 96-99)

La tendencia a la simplificación ha llevado a algunos analistas políticos y -lo que es peor- a bastantes historiadores a explicar los cambios ministeriales que se producen entre 1957 y 1975 mediante la supuesta pugna entre el llamado grupo del Opus Dei y los falangistas. El fundamento para esa interpretación estribaba en que personas como Ullastres, Navarro Rubio, López Rodó, López Bravo, Espinosa, García Moncó y Mortes, que sirvieron como ministros, pertenecían efectivamente al Opus Dei.

Se olvidaba, en cambio, que sus carreras políticas eran muy diversas; que procedían de equipos diferentes; que había falangistas -como Herrero Tejedor- que también eran miembros del Opus Dei, y que simultáneamente encontramos en la oposición a personalidades del Opus Dei, como Antonio Fontán o Rafael Calvo Serer, que no ahorraban críticas al régimen desde el diario Madrid. Esto sin detenernos a referir otros casos, como los de Antonio Herrero Losada (de la agencia Europa Press) o Andrés Garrigó (de la Gaceta Universitaria), miembros del Opus Dei, que mantenían posiciones muy distantes con respecto al régimen. Sin salirnos del ámbito periodístico, los ejemplos podrían multiplicarse: Carlos Soria, José Luis Cebrián, Juan Pablo Villanueva... Por lo demás, parece arriesgado atribuir las combinaciones ministeriales de aquel período, que afectaron a 53 personas de muy diversas procedencias, en función del antagonismo entre la Falange y siete miembros del Opus Dei.

De otro lado, abundan declaraciones de los directivos del Opus Dei y de los mismos protagonistas, que niegan tajantemente la vinculación entre su pertenencia a aquella institución de la Iglesia y sus militancias políticas, que respondían a su personal libertad y responsabilidad. Y tratándose de una organización y de unas personas honorables, que además carecían de motivos para ocultar la verdad, la insistencia en esa supuesta instrumentalización sólo puede ser justificada en virtud de prejuicios muy arraigados. El profesor Tierno Galván, que sólo sacando las cosas de quicio puede ser considerado como parcial en esta materia, no tuvo inconveniente en reconocerlo así:

"Los hechos dicen que, desde hace aproximadamente cuatro años, cierto sector del Opus Dei, es decir, de miembros del Opus Dei, han defendido posiciones que suponen una clara evolución y reforma respecto del inmovilismo tradicional. Hay ejemplos claros como la aventura del periódico Madrid. Yo, personalmente, he mantenido una postura crítica hacia el Opus Dei, pero ahora he de reconocer que, durante estos últimos años, ha prestado un gran servicio a la postura aperturista" (Don Quijote, 21 de noviembre de 1968, cit. en GÓMEZ PEREZ, Rafael, El franquismo y la Iglesia, p. 215.)
La intensificación de la campaña anti-Opus Dei desarrollada por la Prensa del Movimiento en el otoño de 1966 motivó una carta personal de Mons. Escrivá de Balaguer, Fundador y Presidente General de la Obra, al Ministro Secretario General del Movimiento. Reproduzco algunos fragmentos altamente significativos:

"Una vez más repito que los socios de la Obra -cada uno de ellos- son personalmente libérrimos, como si no pertenecieran al Opus Dei, en todas las cosas temporales y en las teológicas que no son de fe, que la Iglesia deja a la libre disputa de los hombres. Por tanto, no tiene sentido sacar a relucir la pertenencia de una determinada persona a la Obra, cuando se trate de cuestiones políticas, profesionales, sociales, etc.; como no sería razonable, hablando de las actividades públicas de V.E., traer a cuento a su mujer o a sus hijos, a su familia". (López RODO, Laureano, Memorias. Años decisivos, vol. II, p. 97)
A partir de 1967 resulta evidente el enfrentamiento de dos corrientes en los Gobiernos de Franco: una, encabezada por Solís (Secretario General del Movimiento y jefe de los Sindicatos) y por Fraga (que controlaba el Ministerio de Información y Turismo), y otra formada por el dúo Carrero-López Rodó, caracterizada con mayor o menor acierto como "tecnócrata" e identificada erróneamente con el Opus Dei: ni Carrero ni la mayoría de sus hombres (Villar Palasí, Fontana, López de Letona...) pertenecían al Opus Dei ni la Obra se sentía representada por esas personas.
El tan traído y llevado "caso Matesa", que fue aprovechado en algunos ambientes para implicar al Opus Dei en cuanto tal, tuvo desenlaces muy diferentes para unos u otros de los miembros del Opus Dei que formaban parte del Gobierno: Espinosa y García Moncó cesaron en sus puestos, en tanto que López Bravo y López Rodó eran confirmados en ellos. Al lado de Solís, que estuvo en el origen del escándalo y que de modo imprevisto fue alejado del nuevo Gobierno, estaba otro miembro del Opus Dei, Herrero Tejedor. Y, para acabar de desmontar el tópico, conviene recordar que Víctor Castro Sanmartín, Director General de Aduanas, que fue quien denunció el caso, también era del Opus Dei. (Cfr. NAVARRO RUBIO, Mariano, Mis memorias. Testimonio de una vida política truncada por el «Caso MATESA», Barcelona, Plaza y Janés, 1991, pp. 345-431).

(*) Manuel Ferrer, EL RÉGIMEN FRANQUISTA Y SUS RELACIONES CON LA IGLESIA, en FRANQUISMO Y TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA (Lecciones de Historia Reciente de España) pág. 63 y ss. Manuel Ferrer (Ed.), José de Armas, José Lino Feo, Manuel Fernández Areal, Charles Power, Alfonso Ascanio. Prólogo: Raymond Carr. Centro de Estudios de Humanidades (Las Palmas de Gran Canaria, 1993)