01 mayo 2001

En muchas instituciones de la Iglesia hombres y mujeres asisten juntos a charlas, conferencias y actos litúrgicos. ¿Por qué no es así en el Opus Dei?

El Opus Dei y las familias de sus miembros


En muchas instituciones de la Iglesia hombres y mujeres asisten juntos a charlas, conferencias y actos litúrgicos. ¿Por qué no es así en el Opus Dei?

En el Opus Dei no organizan actividades mixtas porque piensen que sea "malo" o "pernicioso". Simplemente piensan que no han recibido de Dios la gracia correspondiente para actuar así.

Es un hecho fácilmente comprobable que los sacerdotes diocesanos de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz organizan en sus parroquias –de acuerdo con las líneas pastorales recibidas de sus respectivos obispos– actividades que pueden ser mixtas.

Es decir: no es que sea malo. Simplemente, que la Obra es como es, por voluntad de Dios.

No hay que olvidar que el Opus Dei no lo ha inventado un hombre, sino que nació por inspiración divina. Y ha recibido todas las aprobaciones de la Iglesia, desde sus comienzos.

De todos modos, como de hecho sucede en todo el mundo, cada institución, grupo o parroquia puede organizar las actividades de formación cristiana como mejor le convenga.

Y luego –otra vez la libertad– la gente asiste donde le da la gana: a los medios de formación del Opus Dei y/o a los de otra institución que le inspire confianza.

Otras preguntas:

  • ¿Elitista y antifeminista?
  • ¿Por qué no puede haber contacto de ningún tipo entre hombres y mujeres en el centro de residencia del Opus Dei?
  • ¿Qué ambiente se respira en los centros para jóvenes que tiene el Opus Dei?

    ¿Qué ambiente se respira en los centros para jóvenes que tiene el Opus Dei?

    Lo primero que llama la atención es que te sientes atendido, querido, desde el primer momento.


    Como no podía ser de otra manera en cualquier institución de inspiración cristiana, lo que importa es la persona en su singularidad, con sus penas, sus alegrías, su nombre y sus apellidos.

    A los centros para gente joven no se va a perder el tiempo. Se transmite a cada uno, de manera singular y personalizada, el horizonte de una vida cristiana vivida en plenitud.

    Esto implica, evidentemente, una vida de oración y el recurso asiduo a la gracia sacramental. Todo ello en medio de una vida de trabajo serio y responsable –el estudio, en la mayoría de los casos– que han de llevar hasta sus últimas consecuencias.

    En esos centros no hay billares, ni futbolines, ni video-juegos, ni mesas de ping-pong, ni barajas de cartas. Es un ambiente exigente. Y también –y quizá por eso mismo– muy atractivo y muy alegre.

    Los que lo desean reciben medios de formación cristiana, en forma de círculos, charlas, meditaciones, clases de catecismo, etc.

    También pueden recibir una dirección espiritual personal, un acompañamiento indispensable para avanzar por el camino de la identificación con Cristo.

    Esto lo agradecen muchísimo los jóvenes, tan acostumbrados hoy en día –por desgracia– a que se les critique pero no se les escuche.

    Y nunca faltan las "visitas a los pobres de la Virgen". Desde el principio, el fundador del Opus Dei llevó a los jóvenes universitarios que se le acercaban a visitar a pobres y enfermos en los barrios y hospitales más descuidados de Madrid.

    Decía, entre otras cosas, que estas visitas eran un medio de selección. Y lo siguen siendo: quien no está dispuesto a servir a los demás no tiene sitio en un centro del Opus Dei. Ese es el tono que –gracias a Dios– se conserva en estos centros.

    Para saber más:

  • www.cyara.net
  • www.neveros.com
  • www.salces.org
  • He apuntado a mi hijo a un club del Opus.
  • No es bueno para el Opus Dei reclutar a gente tan joven.

    No es bueno para el Opus Dei reclutar a gente tan joven. Al final, esto se vuelve en su contra, pues recibe unas críticas que tiene muy merecidas. ¿Por qué no esperar a que sean mayores y decidan con más conocimiento de causa?

    Quizá a la gente joven del Opus Dei no le haría mucha gracia oír esos razonamientos. Sobre todo porque ponen en duda su madurez.

    Y todos sabemos que lo que más molesta a los jóvenes es que se ponga en duda su capacidad de emplear –como les dé la gana– su libertad y su responsabilidad.

    Si una chica de 18 años decide marcharse a vivir a un piso con un compañero –por supuesto, accidental– algunos columnistas y redactores de cierta prensa lo aplaudirían con entusiasmo: qué valentía, qué sinceridad, qué autenticidad, qué libertad.

    Ahora bien, si decide ser del Opus Dei y dedicar su vida a Dios y a los demás, entonces está loca, le han comido el coco y es poco menos que retrasada mental.

    Qué le vamos a hacer. Vistas las cosas desde esa perspectiva, el diálogo se hace difícil.

    Afortunadamente, cada uno puede pensar qué es lo que prefiere y cuál es su ideal de autenticidad.

    La formación que el Opus Dei da a los jóvenes está a la vista de cualquiera. En la canonización de San Josemaría Escrivá llamó la atención de todo el mundo la impresionante presencia de gente joven, cifrada en un 40% de los asistentes.

    Y no sólo llamó la atención su número, sino también su serenidad, su participación consciente y atenta en las ceremonias litúrgicas, su sonrisa, su alegría y los proyectos maravillosos de entrega a los demás que sacan adelante en cientos de centros juveniles del Opus Dei por todo el mundo.

    Podríamos decir que cada uno tiene la juventud que se merece. La Iglesia Católica –y el Opus Dei dentro de ella– ha recibido de Dios el tesoro de una juventud generosa, limpia y entregada a los demás.

    Quizá este contraste con la "media" sociológica es lo que sorprende a algunos, que desde sus tribunas en la prensa han querido atraerse a los jovencitos y a las jovencitas –es su lenguaje– animándoles a "colocarse y al loro", a la promiscuidad total y a todo género de conductas por el estilo, todas ellas muy "progres". Podríamos preguntarnos, en este momento, quién será más feliz.

    No he respondido, por ser ya evidente a estas alturas, a las críticas sobre la edad en que una persona puede decidir sobre su vida. Según los Estatutos de la prelatura, no se puede pertenecer al Opus Dei antes de los 18 años.

    De todos modos, si alguna persona es inmadura, no conseguirá ser admitida, aunque haya cumplido esa edad. El Opus Dei es el primer interesado en no tener en sus filas gente incapacitada para un compromiso de amor serio y definitivo.

    En los Estatutos está previsto que si una persona –que reúne los requisitos de madurez– desea pertenecer al Opus Dei, pero aún no tiene la edad oportuna, puede ser, desde un par de años antes, "aspirante". Los aspirantes tienen muy claro que no pertenecen a la prelatura y van aprendiendo, poco a poco, a santificarse según el espíritu de la Obra. En cualquier momento pueden marcharse, pues no tienen vínculo jurídico alguno con el Opus Dei. Piden a Dios que les ilumine y les confirme en su vocación al Opus Dei. Pero, si luego ven que no la tienen, no siguen y ya está.

    Otras preguntas:

  • Edad para ser del Opus Dei.
  • Aspirantes.
  • ¿Realmente es necesario ser tan radical para seguir a Jesucristo?

    Si un chico o una chica se hace del Opus Dei, automáticamente queda aislado de su familia y emprende un camino que le separa cada vez más de ella. ¿Realmente es necesario ser tan radical para seguir a Jesucristo? ¿Alguien se ocupa de recordarles que no están exentos de cumplir el cuarto mandamiento?

    San Josemaría denominaba al cuarto mandamiento el "dulcísimo precepto", queriendo expresar con ese adjetivo que –aun siendo un mandato divino de obligada aceptación– resulta fácil y hasta produce dulzura su cumplimiento.

    Lo enseñó a sus hijos constantemente. Hay cientos de narraciones –en primera persona– del afán diario del fundador para que los miembros de la Obra estuviesen al tanto de las necesidades de sus familiares, escribiesen a sus padres con frecuencia y procurasen darles muchas alegrías.

    Esta manera de actuar constituye una experiencia vivida con inmenso gozo por miles de fieles del Opus Dei y por sus familias.

    No son pocos los casos en los que la vocación al Opus Dei se "transmite" con gran naturalidad dentro de una familia: se "contagia" de padres a hijos e incluso a nietos.

    Otras veces ha sucedido al revés: el ejemplo de los hijos que se entregan a Dios remueve a los padres y les hace acercarse a la Obra y –si tienen vocación– responder a la llamada de Dios.
    Como en muchas otras realidades de carácter vocacional en la Iglesia, Dios pide a algunas personas –pocas– una disponibilidad total, que implica dedicarse con todas las energías a una determinada tarea apostólica.

    El ejemplo de esto no hay que buscarlo muy lejos y lo vemos plasmado en la vida del mismo Jesucristo.

    Si hasta aquí se entiende lo que va dicho, entonces la pregunta se da por contestada y se puede pasar a la siguiente.

    Si alguien no entiende que una persona se pueda dedicar con todas sus fuerzas a Dios, podría pensar que hay bastante gente que se dedica con todas sus fuerzas a las cosas más variopintas: una carrera profesional plagada de éxitos, una buena posición económica, una afición, un deporte, una ciencia, una mujer, un hombre, un sistema operativo, una causa justa, etc.

    Si todas esas cosas merecen la pena –no hemos citado adrede las innumerables cosas menos nobles a las que algunos y algunas dedican sus vidas– habrá que deducir que Dios, que es el sumo Bien y la suma Belleza, quizá merece poder elegir a un puñado de hombres y mujeres, llamarlos y hacerlos "suyos" con el resello de una peculiar vocación en la Iglesia.

    Esto, lejos de ser un desastre, es como recibir en casa el "gordo de la lotería". Es un honor inmenso para el que recibe esa llamada y también para los padres y familiares de esa persona.