01 junio 2001

¿Les preocupa la opción preferencial por los pobres?

El Opus Dei y los religiosos

Está claro que, mientras los jesuitas y otros grupos de la Iglesia se han dedicado en estas últimas décadas a evangelizar en territorios del tercer mundo y se han comprometido verdaderamente con la “opción preferencial por los pobres” que predicó Jesucristo, el Opus Dei enfoca su actividad hacia los ricos y los poderosos de la tierra. ¿Es verdaderamente evangélico el Opus Dei?

Antes de nada, mi mayor admiración y respeto por todas las labores de evangelización y de promoción humana que realizan los religiosos en los países en desarrollo.

Uno de ellos es mi hermano mayor, religioso, que lleva en África más de 20 años. Aprovecho para pedirte –si tienes fe– una oración por él y por sus hermanos de comunidad.

Dicho esto, hay que entender una cosa: el Opus Dei no actúa "corporativamente" o "formando grupo". Es decir: se dedica sobre todo a atender espiritualmente y dar formación cristiana a sus miembros.

Y son ellos, bajo su personal responsabilidad, los que procuran mejorar en lo que pueden su mundo y su ambiente, con su tarea profesional y con las iniciativas sociales en las que colaboran.
No son "misioneros", aunque decidan ir a ejercer su profesión a países tradicionalmente conocidos como "territorios de misión".

No es adecuado decir “el Opus Dei ha puesto un colegio” o “el Opus Dei ha hecho esta labor social”. Por la sencilla razón –piedra de escándalo para los que no creen en la libertad– de que son los fieles de la Obra, generalmente acompañados de otras personas, los que ponen en marcha y sostienen esas iniciativas.

Sentadas estas bases, podemos ya concluir que el Opus Dei no se dedica a poner colegios, hospitales o dispensarios. Ni para ricos ni para pobres.

Ahora, si la pregunta es acerca de si los fieles del Opus Dei atienden a los pobres y procuran ayudar a los desfavorecidos, la respuesta es que –en la medida de sus posibilidades– lo hacen, igual que cualquier ciudadano (de los que lo hagan), o incluso un poco más, movidos por el calor de la caridad cristiana.

Los fieles del Opus Dei han puesto en marcha cientos de iniciativas sociales en todos los países en los que están presentes y en zonas del tercer mundo.

Si miramos las estadísticas, el Opus Dei no aparecerá entre las ONG’s: siempre será así. Pero de ahí a afirmar que se aparta de la "opción preferencial por los pobres" va un buen trecho.

Para saber más:

  • Reportajes sobre algunas iniciativas sociales promovidas por personas del Opus Dei.
  • El Opus Dei y los jesuitas.

    Todo el mundo sabe que el Opus Dei y los jesuitas son enemigos irreconciliables. ¿Cuándo acabará esta guerra por el poder en el Vaticano?

    Afirmar eso es bastante arriesgado. En cualquier caso, el que lo afirme, debe presentar la documentación correspondiente que lo acredite.

    Por parte de la Obra, sólo se encuentran textos y hechos que ponen de manifiesto el gran amor a los religiosos que el fundador enseñó a sus hijos.

    Con respecto a las “guerras por el poder”, si es que existen, el Opus Dei las tiene perdidas, porque no busca más que servir a la Iglesia como la Iglesia quiere ser servida.

    Para saber más:
    "Algunas palabras que ayudan a simplificar las cosas –por ejemplo, conservador o progresista– han de usarse con cuidado, porque el efecto que consiguen es que muchos, por miedo a que los etiqueten y los encasillen, no dicen la verdad de lo que piensan. ¿Qué pienso? Que la Compañía de Jesús ha tenido y tiene una gran misión en la Iglesia y en el mundo. La Compañía y la prelatura son de naturaleza distinta y surgen de carismas distintos; yo no los interpretaría en claves ajenas a su más profunda realidad eclesial, ni me atrevería a compararlos. Josemaría Escrivá tenía una gran devoción a san Ignacio de Loyola. ¡Qué fuerte abrazo se habrán dado en el cielo!"

    (Entrevista al Prelado del Opus Dei, Javier Echevarría por Lola Galán, en El País, 8 de enero de 2002)

    ¿Qué es un numerario?

    En el fondo, los numerarios y los sacerdotes del Opus Dei son religiosos “disfrazados”, pues viven el celibato y tienen vida comunitaria. ¿Por qué ese empeño en presentarse como una institución eminentemente “laical”?

    La gente joven entiende esto ya perfectamente. Sin embargo, si se tienen más de cincuenta o sesenta años, entenderlo es para nota, pero vamos a por ello.

    En la mentalidad común de los católicos de varios siglos para acá, aparecen unos pocos tipos de fieles cristianos: los curas, los frailes y los normales. Los “curas” y los “frailes” se distinguen de los laicos por ser célibes: no se casan. Y los frailes se distinguen de los curas porque “no dicen misa”.

    Esta simplificación tan plagada de inexactitudes ha calado bastante hondo, por desgracia. En los primeros tiempos del cristianismo esto no era así.

    Para empezar, no existían los “frailes”, que surgieron después. Y sí que había cristianos y cristianas que se dedicaban con todas sus fuerzas al apostolado, mientras ejercían una profesión u oficio, sin recibir ninguna “consagración” especial ni ser llamados al sacerdocio.

    Si uno consigue salir de aquella mentalidad tan simplificadora, puede entender que haya laicos, personas corrientes, que reciben de Dios el don del celibato con el objetivo de que su dedicación a las tareas apostólicas de la Iglesia sea más profunda y más eficaz.

    Es lo que se denomina “celibato apostólico”, en el que la renuncia al matrimonio no se interpreta como un alejamiento místico de las “cosas mundanas”, sino como una elección amorosa de Dios que también está dirigida a una mayor eficacia en la evangelización: Dios necesita para extender el Opus Dei laicos que se dediquen con todas sus fuerzas al apostolado.

    Esos son los numerarios y los agregados. No dejan de casarse porque estimen en poco el matrimonio: al contrario, valoran como un don de Dios el amor humano limpio y fecundo de los matrimonios cristianos, y renuncian ellos mismos a formar una familia para poder ayudar a los demás a llevar a buen término su proyecto de hogar cristiano.

    En una ocasión, en el típico cuestionario de aeropuerto, al llegar a un nuevo país, el funcionario preguntó a Álvaro del Portillo por qué no se había casado. La respuesta da bastantes ideas para entender el celibato apostólico de los numerarios y los agregados del Opus Dei: “porque no he tenido tiempo”.

    Con respecto a la vida en familia de los numerarios, la respuesta va en el mismo sentido. Los numerarios pueden vivir en los centros de la Obra, pero fácilmente dejan de hacerlo si hay algún motivo que lo aconseje.

    La razón vuelve a ser eminentemente práctica: residiendo allí pueden con más facilidad atender los encargos apostólicos que tienen encomendados. No es una vida común canónica o conventual, sino una sencilla vida de hogar cristiano.

    Por otra parte, la vida de familia de los fieles del Opus Dei no se basa en vivir bajo el mismo techo. La mayoría de ellos son supernumerarios que, viviendo en sus hogares, participan igualmente de los lazos de caridad humana y sobrenatural que unen a los fieles de la Prelatura y de sus afanes apostólicos.

    ¿Qué diferencia encuentran entre una orden y una prelatura como la suya?

    ¿Qué diferencia encuentran entre una orden y una prelatura como la suya?

    Son instituciones muy diferentes. Los religiosos contribuyen con su manera específica a la misión de la Iglesia. Son un tesoro, valiosísimo, en la Iglesia.

    Los fieles del Opus Dei son cristianos corrientes, la mayoría están casados, y cumplen la misión de la Iglesia vivificando el mundo desde dentro, mediante su trabajo profesional y sus ocupaciones ordinarias, estando unidos a Dios por una vida sacramental profunda y un fuerte espíritu de oración. Su alegría les sale por los poros, y se llama entonces apostolado: comunican con naturalidad a los colegas, familiares y amigos el gozo de estar con Dios.