01 septiembre 2001

¿Escrivá deseaba títulos y honores, y por eso solicitó y utilizó un título nobiliario?

El fundador del Opus Dei

Aunque no lo creo del todo, algunos dicen que Escrivá deseaba títulos y honores, y por eso solicitó y utilizó un título nobiliario. La verdad es que esa conducta me parece impropia de un sacerdote.

Esta es una historia preciosa que dice mucho a favor de Josemaría Escrivá. Quizá me extienda, pero creo que merece la pena.

La familia de Josemaría Escrivá pasó innumerables penalidades en sus años de juventud. Me remito a las biografías publicadas, especialmente al tomo primero de "El fundador del Opus Dei", de Andrés Vázquez de Prada.

Una vez fundado el Opus Dei, su madre y su hermana Carmen le ayudaron con total dedicación. Su hermano pequeño, Santiago, aceptó con alegría los sacrificios que para la familia suponían la vocación sacerdotal y la misión fundacional de su hermano Josemaría. Recordemos que su padre había muerto justo antes de su ordenación sacerdotal y él pasó a ser cabeza de familia.

Pasado el tiempo, Josemaría Escrivá supo que, por ser el primogénito, tenía derecho a recuperar un antiguo título nobiliario -el marquesado de Peralta- que correspondía legalmente a su familia. Pensó que podía hacer los trámites, recuperar ese título y cederlo a su hermano. Era un modo de agradecer a su familia lo mucho que le había ayudado.

Evidentemente, Josemaría Escrivá no era tonto y sabía perfectamente que solicitar ese título iba a ser un auténtico calvario para él, que tendría que soportar, de nuevo, oleadas de calumnias, esta vez con un motivo bastante "periodístico": un cura megalómano que quiere ser marqués.
Se encontraba en esta tesitura: reclamar el título y soportar lo que viniese. O, por el contrario, salvar su imagen y dejar a su hermano sin un título que por derecho le correspondía.

Lo pensó bastante y pidió consejo a la Santa Sede. Un alto prelado que conocía bien a San Josemaría le dijo que, habiendo enseñado a sus hijos a cumplir todos los deberes de ciudadanos y también a ejercitar todos los derechos, abstenerse de recuperar el título sería un mal ejemplo.
Y decidió solicitarlo. Le fue traspasado el título y no lo utilizó jamás. Pasado el tiempo, lo traspasó según derecho a su hermano pequeño.

Esto es lo que ocurrió. Los documentos están al alcance de los historiadores.

Para saber más:

  • Mi hermano Josemaría, por Santiago Escrivá.
  • Según dicen, el fundador del Opus Dei tenía muy mal carácter. ¿Cómo se puede ser santo y colérico a la vez?

    Según dicen, el fundador del Opus Dei tenía muy mal carácter. ¿Cómo se puede ser santo y colérico a la vez?

    Hay que ver quién dice cada cosa y por qué lo dice. Son cuatro o cinco las personas que han difundido esta visión de Josemaría Escrivá. Luego, otros, en su afán por ser "ecuánimes" les han seguido citando, ya de segunda o tercera mano, sin haber sido testigos directos.

    Quizá un ejemplo baste para arrojar un poco de luz sobre este misterio.

    En un escenario auténtico –el soggiorno della Villa Vecchia, en la sede central de la Obra en Roma–, sitúan a Josemaría Escrivá «abroncando destempladamente a unas jóvenes de la Obra porque, al limpiar, levantaban una nube de polvo». Parten de unos hechos ciertos: en aquel lugar, unas cuantas mujeres de la Obra hicieron una limpieza extraordinaria, al terminarse las obras de la Villa Vecchia. Como cierto es también que, por no tener la precaución de echar un poco de agua en el suelo, antes de limpiar, aventaron gran cantidad de polvo de cal. El Padre, al pasar por allí, les llamó la atención con energía.

    Hasta aquí todo es verdad. Pero ¿por qué, justo ahí, interrumpen el relato? Queda falseada la verdad total, al omitir que Escrivá les hizo ver que se había ensuciado una grande y complicada lámpara, que estaba ya instalada, y para cuya limpieza hubieron de emplearse medios extraordinarios; además, el polvo se estaba incrustando en la bóveda de aquella sala, recién pintada al temple y todavía fresca.

    Pero toda la escena transcurrió en un clima tan natural que el Padre, allí mismo y en aquel momento, se entretuvo en hacer de cicerone, explicándoles el significado de las ocho escenas representadas en los medallones de la bóveda: unas, relativas a la historia de José, hijo de Jacob, y otras, del libro de Tobías. Incluso bromeó con ellas a causa del pez del joven Tobías, a quien con humor llamó «Tobías júnior».

    Y, en fin, esa misma noche, a la hora de la tertulia, sacaron unas copas y una botella de licor de malvasía, una uva dulce y fragante, con una nota de puño y letra del Padre: «Para esas hijas, que han tragado tanto polvo».

    (Testimonio de Helena Serrano, Archivo General de la Prelatura, Registro Histórico del Fundador, T-04641, citado en pág. 14, El hombre de Villa Tevere, Pilar Urbano, Plaza & Janés, 1995)

    A partir de aquí, que cada cual decida a quién dar crédito.

    ¿Ha sido canonizado demasiado pronto, sin oír las voces contrarias?

    Parece que ha sido canonizado demasiado pronto, sin oír las voces contrarias. ¿Por qué el Vaticano ha arriesgado tanto?

    Afirmar que el proceso de canonización de Josemaría Escrivá ha sido rápido es poco científico, desde un punto de vista jurídico. No se podrá citar para apoyar esa tesis ninguna ley eclesiástica que haya quedado incumplida. Se han seguido absolutamente todos los trámites reglamentarios. Ni siquiera ha sido precisa la dispensa del Santo Padre para acortar alguno de los plazos, como acaba de suceder con el proceso de canonización de la Madre Teresa de Calcuta, de forma totalmente lógica y justificada.

    Algunas declaraciones de los Consultores Teólogos -ninguno de ellos perteneciente al Opus Dei- confirman el rigor con que se ha llevado esta causa: "El aparato probativo de esta causa es de tal riqueza que no se puede desear más". También: "La rigurosa y detallada documentación de cada cuestión mínima y particular no deja ninguna zona en sombra, y el haber recogido algunas voces discordantes confiere solidez y credibilidad al conjunto de la exposición".

    Los procesos -romano y matritense- se prolongaron durante seis años y medio y tuvieron 980 sesiones. Intervinieron 92 testigos. Todos ellos habían tratado personalmente y durante un tiempo prolongado al fundador del Opus Dei. Entre los testigos escuchados figuran cuatro cardenales, cuatro arzobispos, siete obispos, 28 sacerdotes y cinco religiosos. Más de la mitad de los testigos no son del Opus Dei, un porcentaje muy superior al que exige la normativa eclesiástica, a fin de asegurar la neutralidad del aparato probatorio. Los tribunales recibieron también los testimonios de once ex-miembros del Opus Dei.

    En todas las causas de canonización no faltan voces desfavorables: la santidad siempre es un signo de contradicción, y en las figuras dotadas de un particular relieve histórico, las voces contrarias son absolutamente inevitables. La Postulación del Opus Dei, consciente de este hecho, quiso garantizar expresamente desde el inicio de la causa la integridad de la investigación. Con ese espíritu, y con la convicción de que afrontar en directo cualquier posible objeción era la vía maestra para hacer brillar más aún las virtudes de Josemaría Escrivá, la Postulación del Opus Dei introdujo en su propuesta de testigos los nombres de varias personas manifiestamente contrarias a la causa.

    Además, impulsada por la intención de alcanzar una clarificación plena de todos los aspectos de su personalidad y de su actuación, se ocupó de incluir en la documentación las publicaciones difamatorias contra Josemaría Escrivá aparecidas hasta entonces.

    Después de finalizadas las fases previstas por la ley eclesiástica, en estas causas habla también Dios, que hace, si quiere, milagros por intercesión del Siervo de Dios. Se instruye un proceso sobre un milagro antes de poder beatificar a una persona y otro -sucedido después de la fecha de la beatificación- antes de poder canonizar.

    Finalmente, el Santo Padre puede decidir sobre la oportunidad de una u otra causa y elegir el mejor momento para llevar a cabo la canonización. En el caso de Josemaría Escrivá, esta oportunidad no ha llegado ni muchos menos de modo apresurado. Recordemos que junto a Josemaría Escrivá, en 1992 fue beatificada Josefina Bakhita. Ella fue canonizada en el año 2000, mientras que a Escrivá le tocó el turno en el 2002.

    Preguntas relacionadas:

  • ¿Milagros firmados con iniciales?
  • ¿El fundador gozaba de grandes riquezas?
  • ¿Algunos fieles de la Obra exageran en la devoción a San Josemaría?

  • Para saber más:

  • Cómo fue el proceso de canonización de Josemaría Escrivá, por Flavio Capucci.
  •