Pablo VI y el Opus Dei.
Cuando aún era solamente Mons. Montini y todavía no era el Santo Padre, Pablo VI fue "la primera mano amiga" que encontró el recién nacido Opus Dei al llegar a la Ciudad Eterna. Siempre lo recordó Alvaro del Portillo, primer sucesor de Josemaría Escrivá al frente de la Obra.
Primera audiencia al fundador del Opus Dei.
Al poco de ser elegido Papa, Pablo VI recibió a Mons. Escrivá y a Mons. Del Portillo:
“Dijo Pablo VI a don Álvaro, sucesor del Fundador:
-Don Alvaro, don Alvaro; si nos conocemos desde hace veinte años.
-Santidad, desde hace dieciocho.
-Pero ahora me he convertido en un anciano.
-No, Santidad, se ha convertido en Pedro."
A los pocos días, san Josemaría recibió una carta del Cardenal Secretario de Estado, en la que decía, entre otras cosas:
"Cumpliendo ahora el venerado encargo del Padre Santo, me es grato significarle que El, en hora densa de acontecimientos y de esperanzas para la Cristiandad, experimenta profundo consuelo al saber cómo tan crecido número de personas, diseminadas en los cinco continentes, practicando los altos ideales que el Opus Dei les propone, tan acomodados a las exigencias de los nuevos tiempos, tratan de servir a la Iglesia como ella desea ser servida; con su conducta personal y profesional vigorosamente cristiana que une la contemplación a la acción con el sublime afán de plasmar y de difundir en los más variados ambientes de trabajo los postulados de la verdad y santidad Evangélicas." (François Gondrand "Al Paso de Dios" p. 232).
La visita de Pablo VI al centro ELIS, obra corporativa del Opus Dei en una barriada obrera de Roma, durante el Concilio Vaticano II.
En esa visita, Pablo VI pronunció estas palabras:
"Señores Cardenales, Venerables hermanos, queridísimo Monseñor Escrivá de Balaguer: después de haber escuchado todos juntos las palabras del Señor en esta nueva iglesia, oigamos ahora la voz de las personas y de las cosas que encontramos."
"Está aquí nuestro Cardenal Vicario; y vemos también al Monseñor Vicegerente y a sus auxiliares, que con Nos sienten la alegría de visitar este novísimo Centro Internazionale della Gioventú Lavoratrice, y nos presentan una obra que honrará a la Roma católica."
"Está aquí Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, el conocidísimo Fundador del Opus Dei, al que está confiado este Centro; y encontramos a los socios del Opus Dei, a algunos de los cuales conocemos y queremos desde hace tiempo, que amablemente nos acogen en su casa y nos muestran ya los primeros frutos de su actividad."
A la derecha del Papa había un grupo de cardenales, invitados a los actos; a la izquierda, algunos obispos, y, en primera fila, Mons. Escrivá, don Alvaro del Portillo y don Javier Echevarría; el alcalde de la ciudad y diversas autoridades romanas.
"Está aquí -continuaba el Papa- Monseñor Angelo dell'Acqua, Sustituto de nuestra Secretaría de Estado, que tanto ha impulsado esta nueva y gran labor, debida a la generosidad de cuantos han querido honrar a Pío XII y a la generosidad de Juan XXIII, que ha destinado a esta labor la suma recogida en honor de su predecesor".
Contó cómo, en la postguerra, había tenido ocasión de visitar el barrio del Tiburtino para socorrer las necesidades de desocupación y de miseria, que en esta zona eran especialmente acerbas.
"Hemos llevado siempre en el corazón la imagen de aquella escena, con el dolor de no haber podido ofrecer el socorro que pedían. Pues bien: aquella amargura encuentra hoy aquí, finalmente, un consuelo. Esta obra parece la respuesta a aquella petición de unos muchachos acobardados y sin trabajo, para formar jóvenes alegres, trabajadores y confiados. La bendecimos de corazón."
Comentando la labor allí realizada decía:
"Es una obra del corazón, es una obra de Cristo, es una obra del Evangelio; toda ella orientada en beneficio de los que la usan. No es un simple albergue, no es una simple oficina o una simple escuela, no es un campo deportivo cualquiera: es un centro en el que la amistad, la confianza, la alegría, constituyen el ambiente; donde la vida halla su dignidad propia, su auténtico sentido, su verdadera esperanza; es la vida cristiana, que aquí se afirma y se desenvuelve y que aquí quiere demostrar en la práctica muchas cosas de interés para nuestro tiempo."
En un momento del discurso, el Papa dijo:
"Nuestra presencia manifiesta hasta qué punto este lugar, esta obra, estas personas, gozan de nuestra simpatía y de nuestra confianza; más aún, las consideramos ministerio nuestro, tanto personal como apostólico. En una palabra que lo resume todo: Nos sentimos felices, ¡muy felices!, -intercaló el Papa esta repetición en el discurso escrito, que sólo lo afirmaba una vez- por estar aquí hoy con vosotros y para vosotros."
Antes de subir al coche, después de haber pasado allí más de dos horas y media, el Papa abrazó a Mons. Escrivá de Balaguer y le dijo en voz alta: "Tutto qui, tutto qui è Opus Dei" "¡Aquí todo es Opus Dei!".
(cfr. Gondrand "Al Paso de Dios" p.235 237; Vázquez de Prada "El Fundador del Opus Dei" p. 334; Hoja Informativa nº 1 p.10 12; "Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer" nº 56).
Palabras de Pablo VI a san Josemaría
“En sus palabras hemos advertido la vibración del espíritu encendido y generoso de toda la Institución, nacida en este tiempo nuestro como expresión de la perenne juventud de la Iglesia (...). Consideramos con paterna satisfacción cuanto el Opus Dei ha realizado y realiza por el Reino de Dios; el deseo de hacer el bien, que lo guía; el amor encendido a la Iglesia y a su Cabeza visible, que lo distingue; el celo ardiente por las almas, que lo empuja hacia los arduos y difíciles caminos del apostolado de presencia y de testimonio en todos los sectores de la vida contemporánea”. (Carta manuscrita —quirógrafo— a mons. Josemaría Escrivá de Balaguer, 1-X-1964).
Primera audiencia al sucesor de san Josemaría
Pablo VI le recibió el 5 de marzo de 1976. Era la primera audiencia pontificia desde que don Alvaro estaba al frente del Opus Dei. El Papa tuvo la delicadeza de fijar la entrevista a continuación de una de las udienze di tabelle que tenía cada semana con sus directos colaboradores en el gobierno de la Iglesia, en un día en el que normalmente no recibe visitas. Así la conversación podría ser distendida. De hecho, se prolongó durante más de una hora. Don Alvaro agradeció sus palabras de felicitación, pero enseguida pidió al Romano Pontífice su bendición apostólica y sus oraciones:
"-Porque soy el sucesor de un santo -razonó-, y eso no es nada fácil".
Pablo VI contestó inmediatamente:
"-Ma adesso il santo è in Paradiso, e ci pensa lui" (ahora el santo está en el Cielo, y él se ocupa de llevar la Obra adelante).
Antes de despedirse, el Papa le confió:
"-Ahora no me puedo mover de aquí más que en contadísimas ocasiones, y me es imposible ir a la Cripta a rezar, como sería mi deseo. Pero usted, cuando regrese a su casa, imagine que es el Papa y, en mi nombre, arrodíllese delante de la tumba del santo, y pida por mí y por la Iglesia".
"-Un deseo de Su Santidad es una orden para mí -le respondió don Alvaro-. En cuanto llegue a casa, iré inmediatamente a la Cripta".
Pero el Papa, paternalmente, especificó:
"-No, enseguida no: primero tiene que comer [la audiencia se había alargado mucho]; haga lo que le he dicho a otra hora, pero en este mismo día".
Pablo VI conoció y alentó el empeño apostólico de los miembros del Opus Dei. Algunos, por los años del Concilio, tuvieron la iniciativa de promover, con tantos amigos y personas interesadas, organizaciones de orientación familiar. Sin duda, contribuyeron mucho a la difusión mundial de los programas, las reuniones internacionales que se celebraron desde 1976, para intercambiar experiencias y contribuir a resolver problemas comunes. El "Primer Encuentro de Orientación Familiar" se convocó en Roma, y don Alvaro mantuvo una animada tertulia con los participantes. Al día siguiente, fueron recibidos en audiencia privada por el Papa Pablo VI. A don Alvaro le conmovió lo que le contarían después: "El afecto caluroso y espontáneo del Santo Padre al recibirnos en la Sala Clementina -escribió uno de los asistentes-, nos dio una nueva medida de la importancia apostólica de los cursos de Orientación Familiar. Aparte de las enseñanzas del Papa -un discurso en francés, interrumpido varias veces para expresarnos directamente su cariño-, subrayaban el aprecio de la Iglesia por esta iniciativa las miradas de estímulo que nos dirigió el Santo Padre y aquel continuo manifestarnos que se encontraba muy a gusto con nosotros, como en familia". Además, les pidió que se quedaran al final, porque "quería hacerse después una fotografía con nosotros, para conservar el recuerdo gráfico de un encuentro si precieux, tan simpático y familiar". (Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo, Prelado del Opus Dei, Ediciones Rialp, Madrid, 1996).