01 octubre 2001

¿Qué significa que el Opus Dei sea una prelatura personal?

¿Qué es una prelatura?

¿Qué significa que el Opus Dei sea una prelatura personal?

Una prelatura personal es una manera más, entre muchas, de organizar las tareas de la Iglesia. Las prelaturas personales son estructuras pastorales parecidas a las diócesis: tienen un prelado a la cabeza; un presbiterio o conjunto de sacerdotes; y fieles laicos, hombres y mujeres, de todas las condiciones sociales y profesionales.

Estas prelaturas son una novedad dentro de la Iglesia, pues su origen está en el Concilio Vaticano II.

Cooperando orgánicamente, laicos y sacerdotes del Opus Dei, bajo la guía de su prelado, edifican la Iglesia y cumplen la misión de la Obra: extender por todos los ambientes profesionales la llamada de todos los hombres a la santidad.

La Santa Sede y los obispos diocesanos valoran positivamente esta tarea, que contribuye eficazmente a la evangelización de la cultura, de la familia y del inmenso panorama de la vida profesional.

Los fieles del Opus Dei siguen dependiendo de sus obispos diocesanos en lo mismo que todos los demás cristianos corrientes. Su dependencia del prelado se circunscribe a la misión propia de la Obra. La labor apostólica del Opus Dei se inicia siempre con el permiso expreso del obispo en cada diócesis.

Si te interesa el tema más a fondo, te recomiendo estos textos:

  • Declaración Prelaturae Personales
    Declaración de la Sagrada Congregación de Obispos describiendo el Opus Dei (23 de agosto de 1982).
  • Constitución Apostólica Ut Sit
    Constitución apostólica por la que la Santa Sede erigió al Opus Dei como Prelatura personal (28 de noviembre de 1982).
  • Notas sobre la naturaleza de las prelaturas personales
    A propósito de un Discurso de Juan Pablo II - Jorge Miras ("Ius Canonicum" 83, 2002, pág. 367-392)
  • La configuración canónica del Opus Dei
    Artículo en la página "Ius Canonicum - Información sobre el derecho canónico".
  • Pablo VI y el Opus Dei.

    Pablo VI y el Opus Dei.

    Cuando aún era solamente Mons. Montini y todavía no era el Santo Padre, Pablo VI fue "la primera mano amiga" que encontró el recién nacido Opus Dei al llegar a la Ciudad Eterna. Siempre lo recordó Alvaro del Portillo, primer sucesor de Josemaría Escrivá al frente de la Obra.

    Primera audiencia al fundador del Opus Dei.

    Al poco de ser elegido Papa, Pablo VI recibió a Mons. Escrivá y a Mons. Del Portillo:

    “Dijo Pablo VI a don Álvaro, sucesor del Fundador:

    -Don Alvaro, don Alvaro; si nos conocemos desde hace veinte años.
    -Santidad, desde hace dieciocho.
    -Pero ahora me he convertido en un anciano.
    -No, Santidad, se ha convertido en Pedro."

    A los pocos días, san Josemaría recibió una carta del Cardenal Secretario de Estado, en la que decía, entre otras cosas:

    "Cumpliendo ahora el venerado encargo del Padre Santo, me es grato significarle que El, en hora densa de acontecimientos y de esperanzas para la Cristiandad, experimenta profundo consuelo al saber cómo tan crecido número de personas, diseminadas en los cinco continentes, practicando los altos ideales que el Opus Dei les propone, tan acomodados a las exigencias de los nuevos tiempos, tratan de servir a la Iglesia como ella desea ser servida; con su conducta personal y profesional vigorosamente cristiana que une la contemplación a la acción con el sublime afán de plasmar y de difundir en los más variados ambientes de trabajo los postulados de la verdad y santidad Evangélicas." (François Gondrand "Al Paso de Dios" p. 232).


    La visita de Pablo VI al centro ELIS, obra corporativa del Opus Dei en una barriada obrera de Roma, durante el Concilio Vaticano II.

    En esa visita, Pablo VI pronunció estas palabras:

    "Señores Cardenales, Venerables hermanos, queridísimo Monseñor Escrivá de Balaguer: después de haber escuchado todos juntos las palabras del Señor en esta nueva iglesia, oigamos ahora la voz de las personas y de las cosas que encontramos."

    "Está aquí nuestro Cardenal Vicario; y vemos también al Monseñor Vicegerente y a sus auxiliares, que con Nos sienten la alegría de visitar este novísimo Centro Internazionale della Gioventú Lavoratrice, y nos presentan una obra que honrará a la Roma católica."

    "Está aquí Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, el conocidísimo Fundador del Opus Dei, al que está confiado este Centro; y encontramos a los socios del Opus Dei, a algunos de los cuales conocemos y queremos desde hace tiempo, que amablemente nos acogen en su casa y nos muestran ya los primeros frutos de su actividad."
    A la derecha del Papa había un grupo de cardenales, invitados a los actos; a la izquierda, algunos obispos, y, en primera fila, Mons. Escrivá, don Alvaro del Portillo y don Javier Echevarría; el alcalde de la ciudad y diversas autoridades romanas.

    "Está aquí -continuaba el Papa- Monseñor Angelo dell'Acqua, Sustituto de nuestra Secretaría de Estado, que tanto ha impulsado esta nueva y gran labor, debida a la generosidad de cuantos han querido honrar a Pío XII y a la generosidad de Juan XXIII, que ha destinado a esta labor la suma recogida en honor de su predecesor".

    Contó cómo, en la postguerra, había tenido ocasión de visitar el barrio del Tiburtino para socorrer las necesidades de desocupación y de miseria, que en esta zona eran especialmente acerbas.

    "Hemos llevado siempre en el corazón la imagen de aquella escena, con el dolor de no haber podido ofrecer el socorro que pedían. Pues bien: aquella amargura encuentra hoy aquí, finalmente, un consuelo. Esta obra parece la respuesta a aquella petición de unos muchachos acobardados y sin trabajo, para formar jóvenes alegres, trabajadores y confiados. La bendecimos de corazón."

    Comentando la labor allí realizada decía:

    "Es una obra del corazón, es una obra de Cristo, es una obra del Evangelio; toda ella orientada en beneficio de los que la usan. No es un simple albergue, no es una simple oficina o una simple escuela, no es un campo deportivo cualquiera: es un centro en el que la amistad, la confianza, la alegría, constituyen el ambiente; donde la vida halla su dignidad propia, su auténtico sentido, su verdadera esperanza; es la vida cristiana, que aquí se afirma y se desenvuelve y que aquí quiere demostrar en la práctica muchas cosas de interés para nuestro tiempo."

    En un momento del discurso, el Papa dijo:

    "Nuestra presencia manifiesta hasta qué punto este lugar, esta obra, estas personas, gozan de nuestra simpatía y de nuestra confianza; más aún, las consideramos ministerio nuestro, tanto personal como apostólico. En una palabra que lo resume todo: Nos sentimos felices, ¡muy felices!, -intercaló el Papa esta repetición en el discurso escrito, que sólo lo afirmaba una vez- por estar aquí hoy con vosotros y para vosotros."

    Antes de subir al coche, después de haber pasado allí más de dos horas y media, el Papa abrazó a Mons. Escrivá de Balaguer y le dijo en voz alta: "Tutto qui, tutto qui è Opus Dei" "¡Aquí todo es Opus Dei!".

    (cfr. Gondrand "Al Paso de Dios" p.235 237; Vázquez de Prada "El Fundador del Opus Dei" p. 334; Hoja Informativa nº 1 p.10 12; "Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer" nº 56).

    Palabras de Pablo VI a san Josemaría

    “En sus palabras hemos advertido la vibración del espíritu encendido y generoso de toda la Institución, nacida en este tiempo nuestro como expresión de la perenne juventud de la Iglesia (...). Consideramos con paterna satisfacción cuanto el Opus Dei ha realizado y realiza por el Reino de Dios; el deseo de hacer el bien, que lo guía; el amor encendido a la Iglesia y a su Cabeza visible, que lo distingue; el celo ardiente por las almas, que lo empuja hacia los arduos y difíciles caminos del apostolado de presencia y de testimonio en todos los sectores de la vida contemporánea”. (Carta manuscrita —quirógrafo— a mons. Josemaría Escrivá de Balaguer, 1-X-1964).

    Primera audiencia al sucesor de san Josemaría

    Pablo VI le recibió el 5 de marzo de 1976. Era la primera audiencia pontificia desde que don Alvaro estaba al frente del Opus Dei. El Papa tuvo la delicadeza de fijar la entrevista a continuación de una de las udienze di tabelle que tenía cada semana con sus directos colaboradores en el gobierno de la Iglesia, en un día en el que normalmente no recibe visitas. Así la conversación podría ser distendida. De hecho, se prolongó durante más de una hora. Don Alvaro agradeció sus palabras de felicitación, pero enseguida pidió al Romano Pontífice su bendición apostólica y sus oraciones:

    "-Porque soy el sucesor de un santo -razonó-, y eso no es nada fácil".

    Pablo VI contestó inmediatamente:

    "-Ma adesso il santo è in Paradiso, e ci pensa lui" (ahora el santo está en el Cielo, y él se ocupa de llevar la Obra adelante).

    Antes de despedirse, el Papa le confió:

    "-Ahora no me puedo mover de aquí más que en contadísimas ocasiones, y me es imposible ir a la Cripta a rezar, como sería mi deseo. Pero usted, cuando regrese a su casa, imagine que es el Papa y, en mi nombre, arrodíllese delante de la tumba del santo, y pida por mí y por la Iglesia".

    "-Un deseo de Su Santidad es una orden para mí -le respondió don Alvaro-. En cuanto llegue a casa, iré inmediatamente a la Cripta".

    Pero el Papa, paternalmente, especificó:

    "-No, enseguida no: primero tiene que comer [la audiencia se había alargado mucho]; haga lo que le he dicho a otra hora, pero en este mismo día".

    Pablo VI conoció y alentó el empeño apostólico de los miembros del Opus Dei. Algunos, por los años del Concilio, tuvieron la iniciativa de promover, con tantos amigos y personas interesadas, organizaciones de orientación familiar. Sin duda, contribuyeron mucho a la difusión mundial de los programas, las reuniones internacionales que se celebraron desde 1976, para intercambiar experiencias y contribuir a resolver problemas comunes. El "Primer Encuentro de Orientación Familiar" se convocó en Roma, y don Alvaro mantuvo una animada tertulia con los participantes. Al día siguiente, fueron recibidos en audiencia privada por el Papa Pablo VI. A don Alvaro le conmovió lo que le contarían después: "El afecto caluroso y espontáneo del Santo Padre al recibirnos en la Sala Clementina -escribió uno de los asistentes-, nos dio una nueva medida de la importancia apostólica de los cursos de Orientación Familiar. Aparte de las enseñanzas del Papa -un discurso en francés, interrumpido varias veces para expresarnos directamente su cariño-, subrayaban el aprecio de la Iglesia por esta iniciativa las miradas de estímulo que nos dirigió el Santo Padre y aquel continuo manifestarnos que se encontraba muy a gusto con nosotros, como en familia". Además, les pidió que se quedaran al final, porque "quería hacerse después una fotografía con nosotros, para conservar el recuerdo gráfico de un encuentro si precieux, tan simpático y familiar". (Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo, Prelado del Opus Dei, Ediciones Rialp, Madrid, 1996).

    ¿Por qué el Vaticano le concedió ser Prelatura desoyendo las voces disonantes?

    Muchos dentro de la Iglesia están en contra del Opus Dei, incluidos los papas anteriores a Juan Pablo II y muchos obispos. ¿Por qué el Vaticano le concedió ser Prelatura desoyendo las voces disonantes?

    Al morir el fundador, más de 1.300 obispos, un tercio del episcopado mundial, solicitó por escrito a la Santa Sede su canonización.

    En 1992, Josemaría Escrivá fue beatificado en la Plaza de San Pedro en una ceremonia a la que asistieron numerosos cardenales, obispos, sacerdotes y religiosos. Estaban presentes también miles de fieles llegados a Roma desde todo el mundo.

    Alrededor del 9 de enero del 2002, al cumplirse el primer centenario del nacimiento del fundador, cientos de obispos en todo el mundo celebraron la misa en acción de gracias a Dios en sus diócesis, rodeados de sacerdotes, de superiores de institutos religiosos y de numerosos fieles.

    El 6 de octubre de 2002 Juan Pablo II canonizó en Roma a San Josemaría Escrivá. Asistieron a la ceremonia unos 500 obispos y cardenales y una inmensa muchedumbre de personas de todas las latitudes.

    Por otra parte es manifiesto el cariño paternal que dispensaron al Opus Dei los Papas Juan XXIII y Pablo VI.

    Antes de erigir el Opus Dei en Prelatura personal la Santa Sede hizo un completo estudio, en el que pudieron intervenir, con petición de aclaraciones y envío de sugerencias, todos los obispos de las diócesis en las que trabajaba el Opus Dei. Emitieron su parecer -abrumadoramente positivo- más de 2.000 obispos.

    Para saber más:

    Nunca he leído los Estatutos del Opus Dei: ¿es cierto que son secretos?

    Nunca he leído los Estatutos del Opus Dei: ¿es cierto que son secretos?

    No son secretos. Han sido publicados íntegros en varias ocasiones, como anexos en estudios teológicos y jurídicos. Se pueden comprar en cualquier librería.

    Para saber más:

  • El itinerario jurídico del Opus Dei. Historia y defensa de un carisma (Eunsa, 1990, Amadeo de Fuenmayor, Valentín Gómez-Iglesias y José Luis Illanes, 672 págs., 4.ª ed.)
  • El Opus Dei en la Iglesia (Rialp, 1992, Pedro Rodríguez, José Luis Illanes y Fernando Ocáriz, 352 págs., 5 ª ed.)
  • ¿Pablo VI y Juan XXIII vieron el Opus Dei con buenos ojos?

    Algunos dicen que si no fuese por la predilección de Juan Pablo II, el Opus Dei no hubiera llegado a Prelatura Personal ni a ver canonizado a su fundador. Otros papas anteriores no vieron el Opus Dei con tan buenos ojos. En concreto, Pablo VI y Juan XXIII ¿Qué hay de cierto en todo esto?

    Pues sí, y además claramente y a la vista de todo el mundo. Sostener eso, a estas alturas, son ganas de enredar.

    Y un enredo, además, mal intencionado: es la falsa visión “laicista” y “políticamente correcta”, según la cual el Beato Juan XXIII era el papa bueno amigo de los pobres y Juan Pablo II es el papa ultraconservador amigo del Opus Dei. Pienso que estas distinciones entre “buenos” y “malos” son una simplificación nacida del deseo de trasladar el esquema político de “izquierdas” y “derechas” y aplicarlo a la Iglesia Católica.

    Como se ha explicado en esta misma página, tanto Juan XXIII como Pablo VI sintieron y expresaron en múltiples ocasiones su apoyo y su aliento al Opus Dei y a su fundador.

    Por otra parte, no conviene hacerse eco de los bulos de ciertos “vaticanistas”, que –libres de tener la opinión que les venga en gana– deberían por lo menos ajustarse a los hechos en el ejercicio de su trabajo. Copio de un reciente artículo:

    “Varios de los miembros del Opus Dei accedieron al episcopado, fundamentalmente en diócesis importantes, y algunos al cardenalato.” (Luces y sombras de un largo pontificado, François Houtart/Especial de Le Monde Diplomatique para Epoca, México, 2001).

    En fin: hay pocos sacerdotes de la Prelatura que han sido nombrados obispos y la mayoría están en diócesis del tercer mundo. Cardenales, hasta la fecha, no hay más que uno. Una ojeada de vez en cuando al Anuario Pontificio no le vendría mal a algunos “vaticanólogos”.

    En cualquier caso, el Opus Dei no tiene ningún interés en que nombren obispos a los sacerdotes de su presbiterio, ni mucho menos desea que sean nombrados cardenales. Cuando eso se produce no lo ven como un “logro”, sino como un servicio que les pide la Iglesia.

    Para saber más:

  • Desde hoy, hay también un cardenal de la prelatura personal del Opus Dei. (Zenit, 21 de febrero de 2001)

  • La última audiencia de Juan XXIII (por Juan José Espinosa).
  • El Opus Dei es la única Prelatura Personal de la Iglesia Católica: ¿no es esto un privilegio?

    El Opus Dei es la única Prelatura Personal de la Iglesia Católica: ¿no es esto un privilegio?

    No es un privilegio que la forma jurídica de una institución se amolde lo más posible al carisma fundacional y a la vida de sus miembros, dentro de los marcos jurídicos que caben en el Derecho eclesiástico.

    El camino jurídico del Opus Dei ha sido largo y ha pasado por varias etapas hasta que en 1982 le fue otorgada la fórmula prevista, deseada y propuesta a la Santa Sede por su fundador.

    Las formas jurídicas anteriormente aplicadas al Opus Dei sí que significaban, en cierto modo, una situación anómala, pues fue necesario hacer excepciones para que se amoldasen a la realidad de la vida y del apostolado del Opus Dei.

    En cuanto a que sea la única Prelatura personal, eso no es achacable al Opus Dei. Lógicamente, con el paso del tiempo, esta fórmula introducida por el Concilio Vaticano II se aplicará a muchas más instituciones de la Iglesia.

    Para saber más:
    "Creo que un católico debe querer al Papa, a todos los papas, con idénticos sentimientos de afecto y veneración. El amor al Romano Pontífice nace de la fe, no de las preferencias, porque en él vemos al vicario de Jesucristo entre los hombres. Y me atrevo a afirmar que el Papa no hace distingos, es padre de todos los católicos y trata a todos con la misma caridad. Con esta premisa, contar con su simpatía es un estímulo, una invitación a la unidad, un motivo de agradecimiento y de responsabilidad. La decisión de erigir el Opus Dei en prelatura se basó en serios estudios teológicos y jurídicos. El Concilio Vaticano II, con la sanción de Pablo VI, estableció las bases. Ciertamente, Juan Pablo II puso su sello en el documento final, pero a la decisión se llegó mediante una amplia convergencia, y dieron su parecer, a petición del Papa, los obispos de las naciones donde el Opus Dei desarrollaba apostolado".

    (Entrevista al Prelado del Opus Dei, Javier Echevarría por Lola Galán, en El País, 8 de enero de 2002)

    Juan XXIII y el Opus Dei.

    Juan XXIII y el Opus Dei


    La última audiencia de Juan XXIII

    ¿Qué pensaba el Papa Juan XXIII sobre Josemaría Escrivá de Balaguer y sobre el Opus Dei?

    Puedo responder a esa pregunta con las palabras que escuché directamente del Papa Roncalli en un contexto intimo y espontáneo: durante una audiencia concedida a un matrimonio español con dos de sus hijos, entre ellos quien firma estas líneas.

    Era el 13 de mayo de 1963. Fue el último día en que Juan XXIII concedió audiencias especiales: tres semanas más tarde, el 3 de junio, falleció. En aquella audiencia, el Papa nos habló, entre otras cosas, de la familia. Mi padre le mostró una fotografía de nuestra familia al completo -tengo diez hermanos-; Juan XXIII la miró detenidamente y la bendijo. Pero no voy a detenerme ahora en esos y otros detalles; me limitaré a recordar lo que nos dijo sobre el Opus Dei y su fundador, a quien Juan Pablo II beatifica hoy.

    Tanto mi padre como los dos hermanos allí presentes éramos ya entonces miembros de la Obra. Como es natural, mediada la conversación, hicimos saber al Papa este hecho, pensando que le alegraría.

    Al oír aquello, Juan XXIII aludió a su estancia, durante los viajes que había realizado a España, en algunos centros del Opus Dei, concretamente en Santiago de Compostela y en Zaragoza. Tenía un grato recuerdo de esos días. Pero entonces -nos confió con aquella sencillez tan suya- aun no había llegado a percatarse de toda la trascendencia que el Opus Dei tenía en la vida de la Iglesia: creía que se trataba de una fundación más -"de esa España tan pródiga en fundaciones", añadió-, de alcance solamente nacional. Sin embargo, prosiguió, se había caído la venda de sus ojos -y, para subrayar sus palabras, se llevó las manos a los ojos y las bajó a continuación-: había visto con claridad que el Opus Dei era un instrumento de proyección universal enviado por el Espíritu Santo para la Iglesia de este siglo y del futuro.

    El Papa, con la perspectiva que le daba ocupar la cátedra de Pedro, nos explicó que era consciente del gran servicio que el Opus Dei estaba prestando a la Iglesia, así como de la universalidad de sus horizontes, pues -como él mismo señaló- estaba llevando el Evangelio a todos los rincones de la tierra y a todas las capas de la sociedad.

    Después de hacer aquellos comentarios sobre el Opus Dei, quiso añadir unas palabras sobre monseñor Escrivá: "Admiro al fundador, y le quiero mucho; precisamente hace unos días le he enviado unos libros".

    En ese momento, le dije que yo vivía con él, en la sede central de la Obra. Y el Papa: "Le quiero mucho -repitió-; dile que le bendigo a él y al Opus Dei de todo corazón".

    Juan José ESPINOSA
    (Abc, 17.V.1992, Madrid, España)