01 noviembre 2001

¿Por qué el Opus Dei sigue sin admitir las relaciones prematrimoniales, los preservativos y la homosexualidad?

El Concilio Vaticano II y el Opus Dei

¿Por qué el Opus Dei sigue sin admitir las relaciones prematrimoniales, los preservativos y la homosexualidad?

No está de más repetir que el Concilio Vaticano II no promovió ninguno de esos desórdenes prácticos, sino todo lo contrario.

La Iglesia ha condenado siempre esos errores, sabiendo bien, porque es también "madre buena", que una cosa es el error y otra las personas.

La Iglesia jamás condena a las personas: al contrario, trata de iluminar sus inteligencias y fortalecer sus corazones, ofreciéndoles continuamente la gracia de la reconciliación, para que se aparten de los errores prácticos, que, además de apartarles de Dios, causan también mucha infelicidad en sus vidas.

Los que se han propuesto seguir a Jesucristo -a lo largo de los siglos- han experimentado siempre, de una manera o de otra, aquella advertencia suya: “¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros!”.

Algunos que se dicen cristianos se hicieron marxistas en los 60, aceptaron la anticoncepción en los 70, el divorcio en los 80, en los 90 las relaciones prematrimoniales y en el 2000 las relaciones homosexuales. Quizá con eso han conseguido mantenerse a flote en algunos medios de comunicación y recibir felicitaciones por parte de los columnistas de la prensa “laicista”.

Sin embargo, a Cristo nunca le preocupó que sus propuestas fuesen “políticamente incorrectas”. De hecho, fue apresado, torturado e injustamente ejecutado por el poder establecido, al no querer retractarse de la doctrina que había enseñado.

¿Para cuándo deja el Opus Dei la nueva visión de la mujer que tiene la Iglesia desde el Concilio Vaticano II?

Sé que hay mujeres del Opus Dei que dedican su vida a atender las labores domésticas de los centros de la Obra. ¿Para cuándo deja el Opus Dei la nueva visión de la mujer que tiene la Iglesia desde el Concilio Vaticano II?

Otra cuestión de “política correcta”. Ahora mismo los trabajos domésticos están mal vistos. Siguen siendo las mismas labores de siempre, pero ahora hay quien las considera una humillación. Da la sensación de que una mujer que se dedique a “sus labores” no puede realizarse plenamente como persona y sufre algún tipo de alienación. Ese modo de pensar es machismo puro y es una de las causas de la violencia doméstica. Las personas que trabajan en el hogar merecen todo el respeto. Ya está bien de elitismos y de pensar que dedicarse al hogar es una tarea menor.

Con la mano en el corazón, pienso que debe haber millones de personas que están orgullosas de haber tenido una madre cuyo trabajo profesional eran “sus labores” y les están muy agradecidas por ello.

Los que piensen que la dedicación al hogar es “indigna” deberían plantearse por qué no consideran dignos esos trabajos. Siguiendo las enseñanzas de San Josemaría, los fieles del Opus Dei consideran dignísimas todas las ocupaciones honradas que un hombre o una mujer pueden realizar.

En concreto, las tareas domésticas bien llevadas contribuyen de un modo enorme a la paz familiar y facilitan el descanso y la convivencia entre los miembros de la familia.

Evidentemente, hoy más que nunca, hombres y mujeres han de arrimar el hombro para sacar adelante esas tareas, ya que generalmente ambos trabajan también fuera del hogar.

Son muchos los centros de la Obra en todo el mundo en los que –por diversas razones– las propias personas que viven allí realizan todas o algunas de las labores domésticas, hombres y mujeres. Todos lo hacen con gran satisfacción, sabiendo que imitan en eso hasta materialmente las tareas de María en el hogar de Nazaret.

Da la sensación de que el Opus Dei permanece anclado en una mentalidad preconciliar. ¿Cuándo le llegará el turno de adaptarse a los nuevos tiempos?

Muchas instituciones de la Iglesia cambiaron sus modos después del Concilio Vaticano II. Da la sensación de que el Opus Dei permanece anclado en una mentalidad preconciliar. ¿Cuándo le llegará el turno de adaptarse a los nuevos tiempos?

Tras el Concilio Vaticano II el Opus Dei no ha necesitado ningún "aggiornamiento" o "puesta al día". Los fieles de la Obra están en medio del mundo como pez en el agua: no les pillan desprevenidos los cambios sociales, económicos, políticos o tecnológicos, precisamente porque son ellos mismos, trabajando cada uno en su lugar, los que provocan esos cambios junto a los demás ciudadanos, sus iguales.

Sin embargo, si por el "cambio de modos" conciliar se quiere en realidad denotar una relajación de la vida moral y de la vida espiritual cristiana, hay que repetir una vez más que el Concilio Vaticano II no auspició nada de todo eso.

Algunos han querido dejar al Opus Dei fuera de la "modernidad" del Concilio. Nada más alejado de la realidad. Esa actitud hacia la Obra es consecuencia del “laicismo” que se da en determinados medios periodísticos. Según el análisis que hacen esos pocos medios, existen en la Iglesia algunos grupos “ultracatólicos”, entre los que a veces se cita al Opus Dei. Sin embargo, el Opus Dei no tiene doctrina propia en temas de moral, sino que en todo se atiene a la moral de la Iglesia Católica.

El relajamiento moral que han padecido desgraciadamente algunos católicos puede hacer pensar a los espectadores “laicistas” que dentro de la Iglesia hay división de opiniones en los temas básicos de la moral. Pero no es así. Los que hayan abandonado la doctrina cristiana para seguir lo “políticamente correcto” en cada momento son los que tienen que explicar su falta de coherencia.

Y desde luego, el Concilio Vaticano II no avala ninguno de esos relajamientos en lo moral o en lo espiritual.

Por otra parte, numerosas intervenciones del Santo Padre, cardenales, obispos y estudios teológicos muestran a San Josemaría Escrivá como uno de los precursores del Concilio, por sus enseñanzas acerca de la santificación del trabajo y de las realidades cotidianas.