¿Por qué el Opus Dei sigue sin admitir las relaciones prematrimoniales, los preservativos y la homosexualidad?
El Concilio Vaticano II y el Opus Dei
¿Por qué el Opus Dei sigue sin admitir las relaciones prematrimoniales, los preservativos y la homosexualidad?
No está de más repetir que el Concilio Vaticano II no promovió ninguno de esos desórdenes prácticos, sino todo lo contrario.
La Iglesia ha condenado siempre esos errores, sabiendo bien, porque es también "madre buena", que una cosa es el error y otra las personas.
La Iglesia jamás condena a las personas: al contrario, trata de iluminar sus inteligencias y fortalecer sus corazones, ofreciéndoles continuamente la gracia de la reconciliación, para que se aparten de los errores prácticos, que, además de apartarles de Dios, causan también mucha infelicidad en sus vidas.
Los que se han propuesto seguir a Jesucristo -a lo largo de los siglos- han experimentado siempre, de una manera o de otra, aquella advertencia suya: “¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros!”.
Algunos que se dicen cristianos se hicieron marxistas en los 60, aceptaron la anticoncepción en los 70, el divorcio en los 80, en los 90 las relaciones prematrimoniales y en el 2000 las relaciones homosexuales. Quizá con eso han conseguido mantenerse a flote en algunos medios de comunicación y recibir felicitaciones por parte de los columnistas de la prensa “laicista”.
Sin embargo, a Cristo nunca le preocupó que sus propuestas fuesen “políticamente incorrectas”. De hecho, fue apresado, torturado e injustamente ejecutado por el poder establecido, al no querer retractarse de la doctrina que había enseñado.
No está de más repetir que el Concilio Vaticano II no promovió ninguno de esos desórdenes prácticos, sino todo lo contrario.
La Iglesia ha condenado siempre esos errores, sabiendo bien, porque es también "madre buena", que una cosa es el error y otra las personas.
La Iglesia jamás condena a las personas: al contrario, trata de iluminar sus inteligencias y fortalecer sus corazones, ofreciéndoles continuamente la gracia de la reconciliación, para que se aparten de los errores prácticos, que, además de apartarles de Dios, causan también mucha infelicidad en sus vidas.
Los que se han propuesto seguir a Jesucristo -a lo largo de los siglos- han experimentado siempre, de una manera o de otra, aquella advertencia suya: “¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros!”.
Algunos que se dicen cristianos se hicieron marxistas en los 60, aceptaron la anticoncepción en los 70, el divorcio en los 80, en los 90 las relaciones prematrimoniales y en el 2000 las relaciones homosexuales. Quizá con eso han conseguido mantenerse a flote en algunos medios de comunicación y recibir felicitaciones por parte de los columnistas de la prensa “laicista”.
Sin embargo, a Cristo nunca le preocupó que sus propuestas fuesen “políticamente incorrectas”. De hecho, fue apresado, torturado e injustamente ejecutado por el poder establecido, al no querer retractarse de la doctrina que había enseñado.
